[Cuando regreso sobre mis notas de hace meses me parece que faltan demasiadas cosas. Desconozco lo imposible del teatro. Me basta ser consciente de su imposibilidad. Pero en mi relación humana con el teatro, lo imposible no es más que una imprecisión del lenguaje]
Dónde radica la imposibilidad? En el resultado? No lo creo, en tanto que la realidad irrefutable de un espectáculo cualquiera es prueba de lo contrario. Claro que siempre podremos argumentar que aunque espectáculo y real, no es teatro. Nada más lejos de mi intención entrar en un proceso de clasificación o categorización de aquello que es teatro o no. Es ahí donde el teatro es más imposible. Mi propósito no es sino dar un primer paso hacia una reflexión más compleja en torno a la imposibilidad como motor del trabajo creador. Se trata de una imagen,supongo, más o menos acertada. Simplemente pretendo decir que si el teatro fuese posible, no sería necesario.
El teatro no es en sí mismo, el teatro sucede, es instantáneo, se materializa "en faisant". Nuestra obra, lo que compartimos con el público, no son sino actos puntuales de esta búsqueda. Sabemos que hemos de encontrar algo, pero no sabemos el qué, y en cada espectáculo creemos haberlo descubierto; pero no es cierto. Es por ello que los pasos han de ser firmes. Reclamo aquí el valor de equivocarme, de haber avanzado con determinación, de la satisfacción de la obra creada, del paso adelante, quién sabe si hacia ninguna parte, pero siempre necesario.
Para mí el teatro es necesario aunque no llegue a alcanzarlo, porque hace que mi vida suceda.
Dónde radica la imposibilidad? En el resultado? No lo creo, en tanto que la realidad irrefutable de un espectáculo cualquiera es prueba de lo contrario. Claro que siempre podremos argumentar que aunque espectáculo y real, no es teatro. Nada más lejos de mi intención entrar en un proceso de clasificación o categorización de aquello que es teatro o no. Es ahí donde el teatro es más imposible. Mi propósito no es sino dar un primer paso hacia una reflexión más compleja en torno a la imposibilidad como motor del trabajo creador. Se trata de una imagen,supongo, más o menos acertada. Simplemente pretendo decir que si el teatro fuese posible, no sería necesario.
El teatro no es en sí mismo, el teatro sucede, es instantáneo, se materializa "en faisant". Nuestra obra, lo que compartimos con el público, no son sino actos puntuales de esta búsqueda. Sabemos que hemos de encontrar algo, pero no sabemos el qué, y en cada espectáculo creemos haberlo descubierto; pero no es cierto. Es por ello que los pasos han de ser firmes. Reclamo aquí el valor de equivocarme, de haber avanzado con determinación, de la satisfacción de la obra creada, del paso adelante, quién sabe si hacia ninguna parte, pero siempre necesario.
Para mí el teatro es necesario aunque no llegue a alcanzarlo, porque hace que mi vida suceda.
